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sábado, 26 de febrero de 2011

El diario de..., Gabriela Peyron


La niña que narra y protagoniza esta novela ve cambiar su vida de forma radical en un corto periodo de tiempo. En primer lugar, muere su padre. A consecuencia de ese deceso, su madre debe vender diversos objetos de su casa, ya que ha quedado insolvente y no puede pagar de otra forma las deudas acumuladas. Madre e hija se ven obligadas a abandonar su hogar, asentado en un pequeño pueblo de nombre P..., e ir a vivir a la enorme capital del país al lado de la tía Roberta, hermana del padre difunto.
 
Entre las pocas pertenencias que la protagonista se lleva consigo está una pequeña libreta que fue de su progenitor. La niña convierte la libreta en su diario y relata en este su nueva vida: la adaptación a su nuevo entorno y sus paseos por la Ciudad de México de finales del siglo XIX, pocos años antes de la Revolución. Al poco tiempo de llegar a su nueva casa, se presenta en ella un presunto amigo de su padre que busca con enorme interés, tan grande que resulta sospechoso, la libreta convertida en diario. La razón por la cual el mentado hombre busca la libreta se convertirá en el misterio que azuce la curiosidad del lector hasta las últimas páginas.
 
El diario de..., de Gabriela Peyron, tiene entre sus méritos la sencillez y la amenidad. No es una novela que ahonde en los conflictos al interior de sus personajes; además, su resolución resulta un tanto predecible. Sin embargo, consigue a cabalidad el modesto propósito que se impone: ofrecer un paseo, a través de un argumento atractivo, por una Ciudad de México que alguna vez existió y que la autora desempolva de los libros de historia para conocimiento de sus lectores.
 
*El diario de..., Gabriela Peyron, ilustraciones de Citlatin Arcos Méndez, México, Norma, 2010, 99 páginas.

1 comentario:

Misael dijo...

Es un libro tremendamente hermoso, tengo 20 años y aunque es lectura infantil no pude evitar leerlo todo en una noche aun cuando tenia que levantarme temprano al dia siguiente, lo recomiendo ampliamente y mas que para niños, para nosotros que necesitamos recordar esos pequeños detalles de nuestro antiguo México que olvidamos, sin duda nadie se arrepentira de leerlo una y otra vez.

Con punto aparte debo decir que el final me erizo la piel y no evite sonreir y desear que por magia aparecieran mas paginas, es un libro que quisiera no acabara. La autora sin duda sabia lo que hacia, no es tosco ni cansado, este libro es perfecto para leer una tarde, de viaje o en el parque, sin duda de los mejores libros que lei y repito, es un libro infantil.
Saludos cordiales a todos.

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