sábado, 22 de enero de 2011

Agencia de detectives escolares, Jaime Alfonso Sandoval


Junto a El Barco de Vapor, de SM, Torre de Papel, de la editorial Norma, es una de las mejores colecciones de literatura infantil en la actualidad. Entre su amplia nómina de autores están Christine Nöstlinger, Ana María Machado, Lydia Bojunga Nunes, Antonio Santa Ana, David Almond, Jordi Sierra i Fabra, Antonio Malpica y Juan Carlos Quezadas, solo por citar algunos nombres insignes. A este grupo se ha unido en fechas recientes Jaime Alfonso Sandoval (México, 1972), con una novela en la que incursiona en la ficción detectivesca. Autor de seis novelas anterior y un cuento (todos reseñados en este blog), ganador de diversos certámenes literarios, Sandoval se caracteriza por ser un narrador que sabe conjugar muy bien el humor, un ritmo narrativo trepidante, aventuras situadas en escenarios fantásticos e historias que, sin ser moralistas ni buscar fomentar ciertas conductas en sus lectores, promueven la reflexión.

En el caso de Agencia de detectives escolares, Sandoval deja de lado la última de las características anotadas y se centra en narrar de forma muy eficaz un relato pletórico de misterio y risa. Los protagonistas son dos niños: Pedro Cházaro y Pato Rosas, también narrador del libro. La aventura inicia cuando Cházaro invita a Pato a ser su asistente en una agencia de detectives de la que ambos serían únicos miembros. Aunque reticente al principio, Pato acepta el ofrecimiento de su compañero, pues considera que así puede llamar la atención de Lety Luna, la niña que le gusta. El primer caso que los flamantes investigadores llevan es el de un pollito de peluche desaparecido; ese enigma les llevará a otros más, que resultarán conectados con el misterio central: el caso de la niña fantasma que aterroriza a uno de los grupos de la escuela. Mientras que para Pato se trata de un caso evidentemente sobrenatural, para Cházaro todo debe tener una explicación racional. Solo tendrán la respuesta en las últimas páginas del libro.

Como en Padres Padrísimos, S. A., una de sus novelas anteriores, en Agencia de detectives escolares el autor construye un narrador que con frecuencia interpela al lector, a quien supone de una edad parecida a la de sus protagonistas: le dirige preguntas y comentarios, e incluso elucubra respecto del lugar desde donde lee. Este recurso, además de ser gracioso, involucra al lector pequeño de manera explícita con la historia que se le cuenta, como si él, además de un espectador, fuese también un personaje más.

El humor está presente desde la anécdota misma del libro (una parodia de las historias de detectives que, sin embargo, resulta también una historia de detectives eficaz, con todas las de la ley) y también se consigue gracias a las salidas disparatadas de los personajes (“Somos expertos y búsqueda en rescate (…) Somos mejores que un caniche rastreador con pedigrí ortopédico”), las enumeraciones en las que irrumpe un elemento ajeno, inverosímil (“tal vez alguna niña está enamorada de Everardo, o un niño está enamorado de Griselda, o alguien se enamoró del pollito de peluche”) y la hipérbole (“”tienes que hacerte pasar por el peor niño de la historia del Colegio Virreyes, de México, de Latinoamérica y de todas las primarias del sistema solar”).

Con esta obra, Jaime Alfonso Sandoval demuestra su habilidad para incursionar en nuevos registros narrativos en el contexto de su obra, como la novela de detectives, y reafirma su vocación de juglar contemporáneo, preocupado en primera instancia por contar historias que arroben desde el mismo inicio a sus lectores sedientos.

*Agencia de detectives escolares, Jaime Alfonso Sandoval, ilustraciones de Jimena Sánchez, México, Norma, 240 páginas.
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