martes, 5 de octubre de 2010

El hombre que quería recordar, Andrea Ferrari


Por su diversidad temática y estilística, por la importancia de los autores que la componen, Gran Angular es una de las colecciones de literatura enfocada en los jóvenes de mayor relevancia en el ámbito hispánico. Escritores como Joyce Carol Oates, Jordi Sierra i Fabra, M. B. Brozon, Antonio Malpica, Juan Carlos Quezadas, Jaime Alfonso Sandoval, Andrés Acosta y David Lozano son parte de la nómina de esta feliz serie literaria de la editorial SM. Con pocas excepciones, Gran Angular aborda con mucha apertura los temas más acuciantes para jóvenes y adultos. El género policiaco, el negro, el de iniciación y el de terror, entre otros, tienen su lugar en la colección. Las novelas que componen este conjunto van desde aquellas que suscitan en el lector profundas reflexiones hasta aquellas que no tienen otro propósito que brindarle unas buenas horas de entretenimiento.

La novela que hoy reseño es de este último tipo, una muy digna narración de suspenso. El hombre que quería recordar es relatada por el joven Santiago, de 17 años, quien ha ganado un concurso de periodismo que tiene como premio un estímulo económico y unos meses de prácticas en un periódico. Hasta la redacción de este llega un hombre que dice tener un caso interesante. Por considerarse de poca monta, el asunto es asignado al inexperto Santiago. El hombre cuenta al joven que, a raíz de un accidente automovilístico, sufre de amnesia, de modo que no recuerda quién es, de dónde viene ni cuál era su vida antes del choque. Ofrece la historia al diario a cambio de ayuda para desentrañar el misterio.

Primero sin el aval de su jefe, luego con autorización, Santiago se lanzará en busca de una verdad que se resiste a revelarse, sin poder evadir varios peligros y algunas sorpresas que darán un vuelco a su aventura.

La primera parte de la novela es un monodiálogo -un monólogo en el que el interlocutor de quien narra está implícito, aunque nunca aparece su voz-. Santiago le cuenta a alguien que llama “usted” parte de la historia del hombre que quería recordar. Conforme avanzan las páginas, la identidad del dialogador queda desvelada. En la segunda parte, Santiago conserva su estatus de narrador, pero ahora sin dirigirse específicamente a nadie. Este segundo apartado del libro completa o corrige la versión del primero.

El hombre que quería recordar, de la argentina Andrea Ferrari (Buenos Aires, 1961), es una novela sin desperdicio: no hay declive en el interés del lector y sus dos protagonistas se vuelven más simpáticos, más queribles, conforme avanzan las páginas. Aunque la apuesta mayor del libro está en presentar una historia de suspenso con sobresaltos y una resolución satisfactoria, en el fondo se asoma un rasgo que le da un atractivo adicional al relato: la amistad entre Santiago y el hombre sin memoria, una amistad que se forja ante nuestros ojos en medio de apuros, amenazas y verdades a medias. Cuesta despedirse de estos dos personajes, uno en proceso de construir su identidad y el otro, de reconstruirla.

No es esta, ya lo he dicho, una novela de grandes reflexiones. Sin embargo, se lee de una sentada y es una buena oportunidad de embarcarnos en una realidad vertiginosa y ambigua que nos depara grandes placeres de la mano de un hombre y un muchacho que terminarán por ser nuestros íntimos amigos.
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