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martes, 1 de junio de 2010

Por sobredosis, Fidencio González Montes


En 2009, año en que Andrés Acosta resultó ganador del Premio Gran Angular México por su novela Olfato, Fidencio González Montes quedó finalista con su obra Por sobredosis. Es difícil concebir dos libros más distintos entre sí que estos dos. Mientras que Olfato, novela sobre vampiros, se propone sobre todo seducir al lector por medio de una historia absorbente, sin mayores pretensiones que el placer de la lectura pero no por ello frívola o desdeñable, con personajes bien configurados y motivados, Por sobredosis parece contada como un pretexto para dictar normas de conducta a quien lee.

González Montes empieza su relato narrándonos la muerte de su joven protagonista, Brandon, a causa de una sobredosis de alcohol y drogas. El deceso del muchacho, narrador a la vez que personaje central, no significa su desaparición, sino, por el contrario, el inicio de una vida extraña, en la que no puede volver a su propio cuerpo, pero sí encarnarse en toda clase de animales, como mariposas, arañas y perros. Esta nueva condición le permite hacer una revaluación de su conducta hasta antes de su muerte, de la que concluye, por supuesto, que se arrepiente de todo cuanto ha hecho y que daría cualquier cosa por tener una segunda oportunidad.

La estructura del libro presenta una alternación de planos narrativos: por un lado, los sucesos posteriores a la muerte de Brandon; por otro, los recuerdos de cómo conoció a Vanessa, su novia; por último, su incursión en las drogas y el pandillerismo. Esta distribución de los episodios es atractiva, pues invita al lector a participar, reconstruyendo el orden temporal de los sucesos y embonando las distintas piezas. El lenguaje de la novela imita el habla popular de los jóvenes mexicanos, mechada de regionalismos y palabras en inglés.

Supongo que entre los méritos que el jurado del Premio Gran Angular encontró en esta novela se cuentan su estructura fragmentada y la ingeniosa forma de hacer participar al protagonista de sucesos posteriores a su desaparición física. A pesar de esos aciertos, el lastre del libro es la insistencia, que se vuelve chocante, en el arrepentimiento de Brandon. González Montes se muestra demasiado ansioso por convencer al lector de que drogarse es una pésima idea y de que la vida no da segundos chances. Hay también en Por sobredosis una severa crítica a los excesos de cualquier tipo, una defensa de la castidad y de la unión familiar, y un elogio del estudio como medio de superación. El problema es que, además de exaltar estas opciones como si fueran las únicas válidas, el autor las explicita a tal grado que el lector, cansado de moralejas, probablemente termine rechazando lo que, según el plan trazado, debería aceptar con el mayor de los empeños.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Una reseña muy clara. Buena introducción al mundo narrativo de este autor, de quien se cuentan decenas de historias.

textonauta.blogspot