lunes, 26 de abril de 2010

Tardes de lluvia, Claudia Celis


La colección de literatura juvenil Zona Libre, de editorial Norma, se ha caracterizado siempre por ofrecer a sus lectores ficciones que exploran diversos aspectos de la compleja experiencia humana sin recurrir al dogma o a la orientación ideológica, más bien compartiendo preguntas e inquietudes con quienes leen, de tal modo que sean ellos quienes aporten las posibles respuestas. Hay en los libros de la colección ideas, claro, pero ellas no están abocadas en dictar códigos de conducta, sino en sensibilizar, en fomentar la multiplicidad de puntos de vista, el respeto, la tolerancia y el disfrute de la vida.

Por todo ello, sorprende la publicación en Zona Libre de la novela Tardes de lluvia (2009), de la narradora mexicana Claudia Celis, quien tiene en su haber varios libros, publicados por importantes editoriales como SM y Conaculta.

Tardes de lluvia inicia presentándonos a una familia idílica, conformada por los padres (Natalia y Rafael), dos hijos adolescentes (Javier y Cristina), un hijo pequeño (Nando) y la abuelita (Flora). El único defecto de estos personajes parece ser el poco talento de la abuela para cocinar. Por lo demás, todos se respetan y quieren con devoción. Un miembro más de la familia es Mara, amiga de Cristina que, ante la falta de atención de sus propios padres, se ha refugiado en casa de su amiga, donde recibe el afecto que le falta.

El infaltable conflicto se hace presente cuando Javier aparece con un amigo de su infancia al que hace años no veía: se llama Roy y se ha convertido en un joven irresistible, cuyo poderoso influjo ante las mujeres es sólo comparable con el de Edward Cullen de la famosa saga Crepúsculo. Apenas Cristina y Roy se ven, el flechazo es inevitable. Roy se enamora a tal grado que está dispuesto a dejar atrás su vida de donjuán para darle a Cristina el amor exclusivo que merece.

La relación se va intensificando, de modo que pronto los jóvenes sucumben a sus hormonas y acaban teniendo sexo. Cristina se siente muy mal a raíz del encuentro, pues considera que ha traicionado la confianza de sus padres y el respeto a sí misma. El castigo no tarda en llegar: un embarazado no deseado. Ahora los jóvenes deberán enfrentar las consecuencias de sus actos.

En su favor hay que decir de Tardes de lluvia que es un libro ameno, con un conflicto bien desarrollado, que nunca se pierde de vista, y un final abierto que nos ahorra las escenas melodramáticas que seguramente se habrían suscitado por la revelación del embarazo de Cristina ante su familia. El problema surge de las intrusiones descaradas del narrador para convencer al lector de que tener relaciones antes del matrimonio es un acto reprobable.

La autora no confía en que sus lectores tendrán su propio criterio para juzgar la historia que les cuenta, sino que, además de la anécdota, ella misma aporta los juicios para que no quede lugar a dudas de su conservadora postura. La novela, pues, parece un pretexto para intentar elevar la opinión de su autora a verdad universal.

Aun cuando Cristina y Roy transgreden las reglas familiares y sociales, al final se dan cuenta de que han hecho mal; es decir, aprenden que deben someterse a los preceptos heredados de forma ciega, sin atreverse a cuestionarlos, a no ser que quieran terminar castigados y con el rumbo de sus vidas torcido.

Decir que Tardes de lluvia, por la función pragmática que pretende poseer, no es literatura sería un tanto ridículo. No es la primera ocasión en que un autor se vale de la literatura para extender entre sus lectores una ideología concreta. Pero sí es oportuno señalar que se trata de una ficción cuyos alcances están muy limitados por la estrechez de miras de que hace gala su autora y sobre todo por una ejecución literaria que invade el territorio del lector y en vez de ampliar sus horizontes, los reduce a un solo y trillado camino.

1 comentario:

Anónimo dijo...

creo que el libro de tardes de lluvia es un buen libro ya que hace entender a los adolecentes a lo que se pueden llegar a enfrentar.

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