viernes, 15 de enero de 2010

El complejo de Faetón, Andrés Acosta


Mención honorífica del Premio Gran Angular 2006 en México y publicada por primera vez ese mismo año, la novela El complejo de Faetón de Andrés Acosta fue reeditada recientemente por la editorial SM. Estamos ante un libro de esos que vampirizan nuestra atención desde el principio y sólo se sacian de nosotros en el ocaso de sus últimas páginas. Un libro disfrutable, divertido, repleto de aventuras y contratiempos. Un libro sensible, que retoma un conflicto antiquísimo como lo es la búsqueda del padre ausente para mostrar su absoluta vigencia. Un libro que hay que compartir por igual con jóvenes y adultos para que descubran o confirmen el poder de la literatura de hacernos vivir como nuestros problemas que pueden o no serlo. Un libro que, por su atractivo, puede competir con la seducción de los medios audiovisuales de igual a igual, sin ningún complejo.

La novela está narrada y protagonizada por el joven Rigoberto Torrentera, mejor conocido como Rigo, e inicia cuando éste se encuentra pagando una condena en el Consejo Tutelar para Menores Infractores. Ahí conoce a don Polo, a quien cuenta su caso. Don Polo, luego de escuchar con atención la historia de Rigo, que a los lectores se nos oculta, afirma que el muchacho padece del completo de Faetón. No se nos revela aún en qué consiste este padecimiento. Al final de este primer capítulo lleno de silencios significativos e intrigantes, Rigo, conscientes de que existimos lectores que leemos su testimonio, nos anuncia que quiere contarnos, por un lado, cómo es que fue a dar a al lugar donde se encuentra; y por otro, cómo cambió su vida luego de sus pláticas con don Polo.

Con tantas trampas tan bien colocadas, es difícil resistir la tentación de conocer el resto del libro, el cual se desarrolla en dos planos narrativos que se van alternando a razón de dos capítulos para el primero y un capítulo para el segundo. Este orden se respeta de principio a fin. El primer plano abarca desde la salida de Rigo de su ciudad natal, llamada por él De Efe, a Jitania, ciudad fronteriza donde espera encontrar a un padre que no recuerda haber visto nunca excepto en una fotografía. Los sobresaltos corren a cargo de este plano y van desde la emoción de la huida hasta el misterio del padre y el enfrentamiento con peligrosos y hostiles personajes. Para hacer todavía mayores la tensión y el suspenso, Rigo hará con frecuencia saltos al futuro para adelantar datos que sólo quedarán aclarados a cabalidad decenas de páginas después. El segundo plano, de capítulos más breves, da cuenta de las sesiones entre don Polo, que resulta ser un famoso psicólogo, y Rigo. Este plano funciona como un correlato del otro, sobre el que arroja luz. En él quedará explicado el complejo de Faetón que, según don Polo, Rigo padece.

El lector tiene ante esta novela la sensación de estar ante un rompecabezas que irá armando sin demasiado esfuerzo, cuyas piezas embonan con gran precisión. El complejo de Faetón es además una obra consigue una relativa autosuficiencia de sus referentes externos: las claves para entenderla están dentro de sí misma. Incluso menciona o resume el argumento, no de manera forzada, sino natural, de los libros que pueden haberla inspirado, como La odisea de Homero y Pedro Páramo de Juan Rulfo, en las que la búsqueda del padre y el drama de esa ausencia también son centrales.

La obra también puede inscribirse en la llamada novela de iniciación, ya que su protagonista irá sufriendo un proceso de autoconocimiento gradual y reflexión que lo llevarán a un grado de madurez del cual al principio carecía.

Nada más que agregar a lo dicho, que intenta ser, sobre todo, una invitación emocionada y, espero, contagiosa, a leer el libro.
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