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viernes, 23 de octubre de 2009

Amores de segunda mano, Enrique Serna


Visito por segunda vez este primer volumen de cuentos de Enrique Serna, publicado en 1994 bajo el nombre Amores de segunda mano. Me ha resultado muy útil e ilustrativa la relectura de un libro que conocí hace un par de años.

En primer lugar, lo evidente: el título resulta muy forzado. Dos epígrafes intentan justificarlo y no logran sino hacer más confusa la cosa, ya que los cuentos, en general, no hablan de amor ni de “besos de segunda boca” (esto último se menciona en una ocasión, con nula incidencia en la historia).

En segundo lugar, me ha chocado un tanto la debilidad del autor, en ciertos pasajes, por explicar cuestiones que el lector debería descubrir por sí mismo.

A pesar de ello, el saldo de esta lectura ha sido, por mucho, positivo. Confirmo que Serna es un estupendo narrador, con una prosa límpida y absorbente, y unos personajes complejos y bien configurados.

Confirmo también que el libro contiene al menos cuatro cuentos extraordinarios. “El alimento del artista”, “La última visita” “Extremaunción” y “Eufemia”. Y varios otros buenos y casi ninguno malo.

No espere unidad quien lea Amores de segunda mano. El libro es muy variado y sus protagonistas van desde adolescentes, pasando por algún profesor de Letras, una turista norteamericana en México, un cura, una familia de solitarios, hasta una cabaretera y un travesti. Predominan los narradores en primera persona, pero también los hay en tercera. Las técnicas narrativas también varían de cuento a cuento.

“La última visita”, estructurado por completo a través de diálogos, es un divertidísimo y conmovedor cuento que habla sobre las retorcidas formas en que una madre y sus dos hijos alivian su soledad.

“Extremaunción” y “Eufemia” son historias de venganza. En el primero, un cura sin vocación logra tomar revancha ante una vieja coja que le destruyó la vida. En el segundo, la protagonista sufre una desilusión, se vuelve alcohólica y se las arregla para torcer la vida de otros (solo en las últimas líneas nos enteramos de cómo lo hace).

“El alimento del artista”, con el que se abre el volumen, cuenta la historia de una actriz de cabaret y su amante, quienes encuentran en los actos sexuales que realizan en público un estímulo imprescindible.

Muy inquietante resulta el cuento “La noche ajena”, en el que la familia de un niño ciego le hace creer que el sentido de la vista no existe para que no sufra esa carencia. Este cuento sería redondo si al final el autor no cediera a la tentación de explicarlo todo, de quitarle el misterio. Recordé a Julio Cortázar y su cuento, ese sí impecable, “La salud de los enfermos”, donde una mujer mayor es engañada por su familia para evitarle sufrimientos. El cuento de Serna sería de la envergadura del de Cortázar si no le sobraran líneas.

“Borges y el ultraísmo” es un cuento innecesariamente extenso sobre la envidia. El final tiene una vuelta de tuerca digna de El jardín de al lado, de Donoso. Pero, en general, es intrascendente.

El cuento más experimental es “Amor propio”, sobre un travesti y la actriz que imita, narrado sin signos de puntuación por los dos personajes y sin ninguna diferenciación entre una voz y otra. La verdad, es cansado.

Hay un cuento que merece especial atención: “La gloria de la repetición”. No es que sea excelente, sino que anuncia una novela que Serna solo escribiría doce años después: Fruta verde.

Los tres personajes esenciales de la novela ya están en este cuento: un adolescente de izquierdas que trabaja en una agencia de publicidad y se debate entre sus postulados ideológicos y sus hormonas. Tiene un compañero de trabajo homosexual que lo acosa y una madre amargada por el abandono del padre. Lo que no consigue el cuento, lo consigue años después la novela: imponer al lector su historia, con todos los episodios necesarios p ara hacernos cercanos y entrañables a los personajes, así como para entender sus distintas posturas. De modo que “La gloria de la repetición” queda en intento fallido de una novela que quizá Serna aún no tenía la madurez literaria para escribir.

No voy a comentar el resto de los cuentos. Concluyo invitándolos a la lectura de este libro o de cualquier otro de Serna, a quien considero uno de los narradores mexicanos más sobresalientes de los últimos tiempos.

2006
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